Masaje Kobido

El Kobido encuentra sus raíces en la medicina tradicional china, cuyos orígenes se remontan a los tiempos del emperador Huan Di (2697-2597 aC). Llegó a Japón hacia el año 1300 dC donde se concibió no sólo como un tratamiento estético, sino muy ligado al concepto de salud. De esta manera, la belleza consistía en una apariencia luminosa, jovial y a la vez de aspecto saludable.

Es por ello que la emperatriz de Japón, al solicitar sus tratamientos de belleza, pedía específicamente el masaje Kobido, convirtiéndose en un tratamiento exclusivo de la familia imperial.

Según la tradición japonesa, la belleza es el reflejo del equilibrio óptimo entre lo físico, lo espiritual y lo psicológico y llega de una forma natural si una persona logra tener estos tres elementos en armonía. El Kobido se diferencia, fundamentalmente, de los masajes occidentales en que, mientras estos trabajan la superficie de la cara con movimientos suaves, el masaje facial japonés está basado en técnicas de percusión combinadas con técnicas de masaje profundo y superficial, trabajando la musculatura interna.

Un masaje muy relajante a la vez que efectivo, poco a poco, está siendo reconocido en toda Europa como el “Lifting sin cirugía”, por sus espectaculares resultados.

Beneficios:

  • Fortalece y tonifica la musculatura facial, ayudando a prevenir la flacidez y las arrugas. Por lo tanto mejora en gran medida la tonicidad y firmeza de los músculos faciales, recuperando el óvalo facial perdido.
  • Proporciona el medio ideal para vehiculalizar los productos cosméticos utilizados en el tratamiento facial.
  • Favorece la eliminación de células muertas, aumentando la luminosidad y dando un aspecto saludable y juvenil.
  • Aumenta la circulación de la piel, incrementa el aporte de nutrientes y en consecuencia retrasa de manera evidente los signos visibles del envejecimiento.
  • Ayuda a incrementar la temperatura de la piel, activando así el sistema linfático, lo que permite transportar y eliminar más eficientemente las bacterias y las toxinas de las células de la piel.
  • Aumenta la capacidad de la piel para retener la hidratación, creando una barrera emoliente contra la evaporación.
  • Libera las contracturas del tejido muscular, permitiendo una buena irrigación sanguínea por toda la superficie del rostro. Esto aporta oxígeno y nutrientes hasta las células de piel. Únicamente cuando la circulación sanguínea se ve mejorada las células de la piel pueden repararse y rejuvenecerse por sí mismas.
  • Produce una relajación muy importante del sistema nervioso por lo que lo convierte en un masaje que proporciona un relax profundo a nivel físico y psíquico.

Montse Sanz (Directora de  centro de estética)

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