CONSEJOS PARA UNA BUENA DIGESTIÓN

La digestión es el proceso por el cual aprovechamos los nutrientes de los alimentos y eliminamos los que no son digeribles.  Los alimentos tal y como los ingerimos carecerían de valor nutritivo sin el proceso de la digestión, así pues, gracias a ella, hacemos posible que el cuerpo absorba sustancias esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo como vitaminas, glucosa, hierro o aminoácidos.

Lo que en un principio puede parecer un proceso fácil implica miles de reacciones bioquímicas y una correcta coordinación de todo el aparato digestivo, por ello, aunque el tiempo de digestión es variable, para una comida normal es necesario dos horas como mínimo.

Cada nutriente tiene su propio sistema de asimilación, así que para que la nutrición sea correcta es imprescindible que nuestro sistema digestivo esté sano, aunque a veces, sin tener ninguna alteración o enfermedad la digestión es problemática.

Factores que influyen en el proceso

  • Masticación

Es el primer paso de la digestión, si ésta no es correcta la secreciones estomacales no pueden actuar convenientemente sobre los alimentos, ya que no están bien triturados y la saliva no los puede emulsionar. Si tenemos una mala masticación provocamos una digestión pesada, comeremos en exceso (por la falta de salivación) y asimilaremos mal los alimentos, entre otras cosas.

  • Horario

El cuerpo se rige por una serie de hábitos y costumbres. Si seguimos el mismo horario de comidas el proceso de la digestión está “preparado” a la misma hora, por lo tanto, las comidas que se ingieren en el horario habitual tienen más probabilidades de tener una buena digestión.

  • Dosis de los alimentos

Además de sobrepeso, una ingesta excesiva puede provocar digestiones problemáticas. La motilidad gastrointestinal tiene un límite. Debemos recordar que a mayor edad, menor capacidad de digestión, así que aunque es recomendable a todas las edades, sobre todo aquellas personas que superen los 40 años es importante que hagan comidas moderadas o que estén más repartidas a lo largo del día.

  • Grasas

Una comida con una dosis elevada de grasas requiere una digestión más prolongada, ya que la grasa, entre otras cosas, retrasa la salida del alimento del estómago. Para una buena digestión debemos controlar el aceite, las salsas y las mantequillas en los platos, y evitar los alimentos fritos.

  • Punto de cocción y temperatura de los alimentos

El punto de cocción y la temperatura de los alimentos pueden variar la digestibilidad de éstos. Así pues el arroz, la pasta o las legumbres son más digestivos cuando más cocidos están; las verduras también son más digestivas con cierta cocción. En cambio, en el caso de alimentos proteicos como el pescado, la carne o los huevos no es recomendable cocerlos en exceso, ya que será más difícil absorber sus nutrientes.  Los alimentos muy fríos o demasiado calientes entorpecen la digestión.

  • Bebidas

Una cantidad excesiva de agua durante las comidas puede entorpecer la digestión, aunque depende también del tipo de alimentos y del tipo de agua. Es muy diferente una comida con abundantes vegetales frescos, ricos en agua, que una comida a base de carnes, quesos y alimentos poco hidratados. El agua con alto contenido en bicarbonatos contrarrestan la tendencia a la acidez, por otro lado el agua con gas facilita la digestión. Las bebidas refrescantes, sobre todo las azucaradas, aunque tengan gas, retrasan la digestión. Un vaso de vino tinto puede ayudar a facilitar la digestión, al igual que los licores digestivos, aunque dicho efecto se pierde cuando la ingesta de bebidas alcohólicas es excesiva o son azucaradas.  Una pequeña dosis de café tiene un efecto digestivo, puesto que estimula la secreción gástrica, pero si tomamos una dosis elevada producirá quemazón y acidez, incluso con el café descafeinado, y más aún si se trata de un café con leche, ya que le leche es una bebida muy difícil de digerir.

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